Esta bitácora nace hoy 19 de enero de 2009. Justo 10 días después del anuncio del cierre de ADN.es. Justo hace hoy diez días que llevo buscando trabajo en un escenario de crisis. Así que este espacio nace ‘por pura necesidad’. Una pena tener que hacerlo ahora después de tenerlo en mente mucho, mucho tiempo. Ahora aquí está. Más vale tarde que nunca, aunque no me da igual el motivo de la creación, no puedo cambiarlo. De momento, me servirá para colgar mis trabajos periodísticos realizados, no sé si de vez en cuando insertaré otra cosa. Es algo que tengo que decidir, pero aún no me apetece.
Tres pesadillas por culpa de Martinsa-Fadesa
Publicado en ADN.es el 25/08/2008
Algunos afectados por la suspensión de pagos de la inmobiliaria quieren sus viviendas, otros recuperar su dinero y otros tantos, luchan aún por asegurar lo que ya pagaron
El ladrillazo de Martinsa-Fadesa ha dejado historias personales de distinto perfil. Casas sin terminar, avales sin otorgar, seguros que no pueden ser ejecutados… Ni las asociaciones, ni los abogados consiguen arrojar luz a los más perjudicados por la quiebra de la inmobiliaria. Solucionar sus problemas, una auténtica tarea de Titanes.
“No tengo aval”
Mariano Sanz adquirió una vivienda en 2006 en la urbanización ‘Parque Colmenar’ de Colmenar Viejo en Madrid de la que sólo han comenzado las obras recientemente -cuando debían haber concluido en octubre de este año- y no dispone “de aval por las cantidades entregadas a cuenta, por haber confiado en el nombre de la empresa”.
“Ese aval lo he solicitado desde febrero de este año recibiendo sólo largas, incluso, lo reclamé un día antes de la suspensión de pagos vía burofax, aunque no me ha servido de nada”, argumenta Sanz, que junto a su mujer ha depositado desde ese año 94.000 euros. Lamenta cómo este mes no le han cobrado el recibo. De esa forma la “inmobiliaria puede rescindir el contrato por el incumplimiento de una de las partes”, asegura.
“Quiero mi casa”
En otra situación diferente está Marta Peiró, propietaria de una vivienda protegida de suelo limitado en la urbanización ‘M-25 de Soto del Henares’ en Torrejón de Ardoz, en Madrid, cuyas obras “deberían haber terminado ya para entregarnos la vivienda en diciembre y sin embargo, justo antes del concurso de acreedores la constructora se salió de la obra y ya no sabemos nada más”.
“Estamos pagando y no tenemos casa y queremos la vivienda, ya que no podemos recuperar el dinero y si la dejamos, nos penalizan porque es protegida”, matiza Peiró. Ellas es además presidenta de la Asociación de Vecinos de Soto del Henares y promotora de una unión vecinal para “hacer un frente común para presionar en el concurso de acreedores, porque sabemos que somos una promoción jugosa, al estar prácticamente acabada, y todos los abogados quieren cazarnos y ninguno nos aporta una solución concreta”.
“Quiero mi dinero”
La urbanización de Martinsa-Fadesa ‘Vistacalderona’, en La Pobla de Vallbona, en Valencia, cuenta con gran cantidad de casas finalizadas pero sin cédula de habitabilidad, lo que no ha impedido que más de cien familias hayan escriturado sus inmuebles y estén viviendo allí con generadores de corriente, abasteciéndose del agua de la obra y de forma totalmente ilegal.
En la misma urbanización, hay casas que apenas levantan un metro del suelo “porque hay cables que le pasan por encima”, explica Helio Yago, que con su pareja compró allí un pareado, “en una urbanización sin terminar, en la que las zonas comunes se han convertido en un sello de correos porque Martinsa-Fadesa se sacó de la manga un apartahotel una vez que las viviendas estaban vendidas”.
Ahora, “el problema que tenemos la mayoría de los afectados que tenemos avales es que las aseguradoras nos dicen que como la empresa está en concurso de acreedores no nos pagan hasta que no se resuelva y eso no es así, porque el seguro está precisamente para eso”, argumenta Yago.
Además, este vecino de Valencia matiza que “aunque nuestra situación es la menos mala, porque sabemos que tarde o temprano vamos a cobrar, lo que queremos es pillar el dinero y largarnos”. Yago no se cansa de repetir que “hay una desprotección legal absoluta, porque, ¿por qué tengo yo que acudir a un abogado cuando estoy reclamando lo que la ley dice que me pertenece?”, se pregunta.
Todos los afectados coinciden en la desinformación y en los problemas que en su vida diaria les está generando esta situación. Es gente que un día invirtió en ilusión y el crack de la inmobiliaria les introdujo en una auténtica pesadilla.
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Paciencia y a seguir pagando
Publicado en ADN.es el 07/08/2008
¿Te compraste una casa de Martinsa-Fadesa y quieres reclamar lo que has pagado? Primero, reúne toda la documentación, remítela por burofax y fija un plazo para la respuesta | Es mejor asociarse para tener más peso en el concurso de acreedores
La suspensión de pagos de la inmobiliaria Martinsa-Fadesa ha dejado a muchos compradores sin vacaciones este verano. No sólo eso, les está quitando el sueño, porque siguen pagando y no tienen vivienda. Pero lo peor de todo es que falta información. ADN.es te da las claves de lo que debes hacer si eres afectado de Martinsa-Fadesa.
¿Cómo está la situación?
La inmobiliaria ha solicitado concurso de acreedores, es decir, ha paralizado todos los pagos que tenía pendientes por falta de liquidez. Por esta situación, los compradores de las viviendas están seriamente perjudicados, porque puede que no terminen sus inmuebles, o en algunos casos, ni siquiera lleguen a comenzar las obras. Deben seguir abonando sus cuotas, aunque en este momento el dinero no va a las arcas de Martinsa-Fadesa, sino a una cuenta que el juzgado de A Coruña, donde se está llevando el procedimiento por ser la sede social de la empresa, tiene custodiada.
¿Qué deben hacer los compradores?
En ningún momento deben dejar de pagar, ya que esto supondría el incumplimiento del contrato por su parte y se quedarían fuera de cualquier procedimiento legal que se produjese de cara a reclamar a la inmobiliaria las cantidades entregadas.
¿Quién puede reclamar?
Todos los compradores con los que Martinsa-Fadesa haya establecido un contrato y haya incumplido alguna de sus cláusulas como no entregar la vivienda terminada en el plazo pactado, no haber dado avales o seguros por las fianzas y cantidades entregadas o no haber comenzado o finalizado las obras en el tiempo estimado para su ejecución.
¿Cómo deben reclamar?
Deben hacerlo con rapidez y con paciencia. Lo primero, para llegar a tiempo al concurso voluntario de acreedores, ya que en el momento del incumplimiento del contrato aparece la figura del comprador-acreedor. Y lo segundo, porque la solución al proceso previsiblemente será bastante larga y tediosa.
Para ello, deben dirigirse mediante un escrito que garantice su recepción, normalmente un burofax, a la empresa en el que debe constar copias verificadas por un notario (ya que nunca deben desprenderse de los originales) del contrato de compraventa, de los justificantes de las cantidades entregadas y de los intereses devengados por ellas. En él deberá establecerse un plazo prudencial para la respuesta, por ejemplo una semana.
En caso de no obtener respuesta, tendrán que remitir, de nuevo por burofax, todos los documentos anteriores más la hoja de la primera reclamación a la empresa que avale los pagos que se han ido haciendo. Si Martinsa-Fadesa no prestó a sus compradores dicho aval la inmobiliaria habría incumplido las obligaciones impuestas por la legislación y se trataría de una cuestión con consecuencias jurídicas, civiles, admnistrativas e incluso penales.
¿Es mejor asociarse para reclamar?
Sí, porque garantiza una mejor posición en el concurso de acreedores, ya que así la asociación reclamará una cantidad mayor de dinero que un particular porque se trata de la suma de muchas cantidades entregadas. Además, “minimiza los costes del proceso, como por ejemplo del contrato de un procurador que te represente en el concurso”, según afirma el vocal de la Asociación de Afectados Martinsa-Fadesa, José Vicente Martínez.
“Es mucho más rápido, mucho más fácil y sobre todo, mucho más cómodo. Además te va dar garantías en el concurso, porque no es lo mismo ser el reclamante de 40.000 euros que el de 30.000.000 millones de euros de muchos afectados”, apostilla Martínez.
¿Va a finalizar Martinsa-Fadesa las obras de mi promoción?
Es la pregunta clave en todo el proceso y, además, sin respuesta concreta. Habrá que esperar a que finalice el procedimiento concursal, ya que, por el momento, es muy difícil saber qué va a ocurrir. Lo dicho, paciencia.
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Los otros afectados de Martinsa-Fadesa: los compradores de sus viviendas
Publicado en ADN.es el 16/07/2008
Además de a los empleados, la crisis de Martinsa afectará a los propietarios de las 12.578 viviendas que tenía prevendidas y pendientes de ejecutar y entregar
La burbuja inmobiliaria ha explotado y se ha llevado por delante a su primera gran víctima. La compañía Martinsa-Fadesa ha tenido que presentar suspensión de pagos por la falta de financiación. Entre sus consecuencias hay que destacar el ERE que va a dejar sin empleo a a 234 trabajadores.
No obstante, no son los únicos perjudicados ya que la inmobiliaria cuenta con una cartera de 12.578 viviendas prevendidas, pendientes de ejecutar y entregar, según los datos correspondientes al primer trimestre del año registrados en la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Asimismo, cuenta con 28,67 millones de metros cuadrados de terreno.
Martinsa-Fadesa asegura que, aún habiendo solicitado el concurso voluntario de acreedores, sigue desarrollando su actividad con “absoluta normalidad” y mantiene su compromiso de cumplir los contratos con los clientes que ya habían adquirido una vivienda de su compañía.
Los afectados
Sin embargo, son ya numerosas personas las que han mostrado su preocupación por las viviendas promovidas por la inmobiliaria. De esta forma, unos 130 futuros propietarios en el PAU-4 de Móstoles Sur en Madrid no saben qué va a ocurrir con sus pisos y algunos se muestran “engañados” y aseguran que de haber sabido cómo estaban las cosas por Martinsa no hubieran comprado las viviendas.
La respuesta que han recibido todos ellos hasta ahora es que las viviendas van a seguir adelante pese a la suspensión de pagos, ya que desde la empresa sostienen que su actividad va a continuar con “absoluta normalidad”.
Además, la inmobiliaria perteneciente al grupo de las principales del país, el denominado G-14, tiene otras promociones en marcha en Los Espartales, en Alcalá de Henares, en Madrid, en Los Molinos y en Getafe.
También en La Coruña
Del mismo modo, en la provincia de A Coruña, donde Martinsa tiene su sede social, tiene varias promociones pendientes. Una de ellas es la urbanización Costa Miño Golf, que comprende 1.217 viviendas.
En la ciudad gallega están pendientes también de ejecución el edificio Mirador Casablanca, con 153 pisos en las cercanías de la playa de Oza, y el Centro Logístico de Transportes Culleredo, que es una instalación con una superficie total de 602.479 m2, en la que destacan un hotel, un restaurante, un centro de acogida de tripulaciones y una zona comercial.
Recomendaciones
Ante esta situación, OCU recomienda a los consumidores “que no dejen de pagar en ningún caso”, ya que de otro modo “se produciría una ejecución judicial por impago y las familias estarían perdidas”.
El director general de la organización, José María Múgica, propone que los afectados por una quiebra de este nivel sean declarados como deudores preferentes para poder ser los primeros en cobrar como los bancos y la seguridad social.
Facua ha tildado la situación de los clientes de Martinsa-Fadesa de “preocupante”, al tiempo que ha reclamado una solución urgente a la misma. Además, su portavoz, Rubén Sánchez, ha advertido de que este mismo proceso puede llevarse a cabo “en otras empresas”, ya que “todos sabíamos que esto iba a ocurrir”.
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Las dos vidas de Kosovo

Fotograma del documental 'Kosovo, la última cicatriz de los Balcanes'
Kosovo, un día cualquiera del verano de 1999. Ha estallado la guerra entre los serbios y los albanokosovares. Horror y muerte. Dos niñas de 11 y 13 años corren hacia un refugio con sus abuelos. Han olvidado algo en casa y vuelven. Allí les sorprende el final de su historia. Su muerte. Miembros del ejército les asesinan por la espalda y los esconden en el pozo de la vivienda. Al acabar los bombardeos, Liridor, el único hijo superviviente de esta familia, les encuentra.
En este caso, las niñas, los abuelos, los padres y Liridor eran y son albanokosovares. Serbios, sus verdugos. Pero la historia puede ser fácilmente relatada al revés: Igor, un chico serbio, perdió a sus primos en el mismo conflicto armado. Fueron las fuerzas de la UÇK (el Ejército de Liberación de Kosovo) quienes les exterminaron. En esta tierra todos han sido opresores y oprimidos.
En realidad, son sólo víctimas de un nacionalismo exacerbado que no hace posible la convivencia armónica entre las dos etnias. En Kosovo es muy fácil comprender a una parte o a la otra, sólo dependerá de qué historia te narren. Sin embargo, es muy complicado tomar partido.
Juan Antonio Moreno y Silvia Venegas, son dos de los autores del documental Kosovo, la última cicatriz de los Balcanes, que después de convivir un tiempo con ambos pueblos, han reflejado en la opera prima de la productora, No estamos de paso, el día a día de un lugar que hasta el domingo 17 de febrero era un protectorado de la ONU y donde las fuerzas de Kfor se encargan de velar por la seguridad y los derechos de las minorías.
Tomás Guil y Guillem Ruisánchez completan el equipo de jóvenes que, con esta idea en el tintero y una cámara debajo del brazo, se marcharon a la región balcánica a conocer sus historias. A compararlas, contando también el lado institucional y político del problema, para dar firme testimonio de que la única víctima del entramado nacionalista es la población civil.
Educar para la reconciliación
Vesna Malikovic es una mujer serbia. Impartía clases de su idioma en Kosovo antes del exterminio ordenado por Slobodan Milosevic. Se exilió durante el conflicto. Al volver no reconocía nada: su casa estaba ocupada, en sus terrenos pastaban los animales de los vecinos y no tenía trabajo. Ahora forma parte de la minoría serbia (aproximadamente 100.000) que reside en Kosovo y de la que podría llegar a exiliarse si se complica la situación a raíz de la declaración de independencia.
“Aquí nadie puede decidir su futuro, los demás decidirán por nosotros”, declara Vesna con el fondo de su casa de ladrillo rojo, recuperada gracias a la ONG Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad en Kosovo. Tiene claro que “una cosa son las personas y otra los políticos”, pero a la vez, es firme en la educación de sus hijos. Desea que aprendan la historia de la Yugoslavia de Tito.
Y es que la educación, según cuenta Juan Antonio Moreno, “debería ser uno de los puntos más importantes donde tendría que esforzarse el gobierno de Kosovo porque es la base”. Además, “la gente joven, que es la mayoría de la población, tiene una esperanza muy grande por salir adelante. Igual que en España, pero allí no hay nada”.
Pero si en efecto son ellos los encargados de levantar un nuevo estado, donde estén integradas todas las minorías, según las pretensiones del primer ministro kosovar, Hashim Thaçi, los cimientos no se están colocando bien. Los niños, desde pequeños, van a colegios diferentes.
La distancia de la etnia les separa. Los serbios van a escuelas con profesores serbios que financia el gobierno de Belgrado, mientras que los albanokosovares aprenden su lengua con otros profesores. No se mezclan, no juegan en la calle y nunca dominarán los dos idiomas. “Hay dos gobiernos paralelos, hay dos vidas”, sentencia Silvia Venegas.
Mitrovica: la tierra dividida
La zona más al norte de Kosovo está separada por el río Íbar. Un puente custodiado por las tropas de la KFOR es el que divide a serbios y a albanokosovares. Los primeros, en la zona norte, y los segundos, en el sur. Está claro cuando se está respirando en la zona serbia: “los carteles están en cirílico, se paga en dinares e incluso las matrículas de los coches son diferentes”, señala Silvia. “Además, es algo que quisimos que se viera en el documental, sobre todo por lo complicado que fue que nos ayudaran a pasar de una zona a otra y encontrar el puente”.
Iulian Osmanic tenía una casa en el barrio serbio de Mitrovica. Eso era antes de la guerra de 1999. Después de su exilio en Albania comprobó que la que había sido su vivienda estaba ocupada. No podía recurrir a nadie, era más probable que lo expulsaran a él. Es albanokosovar. Ahora trabaja para la ONG Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad en Kosovo y ayuda a miembros de todos los pueblos: serbios, bosnios, egipcios…
Quizás el choque étnico acabe cuando sea algo común los matrimonios entre albanokosovares y serbios. O cuando los niños crezcan y se eduquen en los mismos colegios, en las dos lenguas y con profesores de las dos etnias, quizás entonces, se cierre la última herida de los Balcanes. Entonces, y sólo entonces, las autoridades podrán pensar que los puntos de sutura de esa cicatriz se han dado correctamente.
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